Clase invertida: Revolución Mexicana

INVIRTIENDO LA CLASE

ASIGNATURA: Historia de México II
TEMA: Revolución Mexicana

OBJETIVOS:

Al final de la clase el alumno será capaz de comprender el contexto social y
económico antes de la revolución mexicana y podrá analizar la política durante la revolución
así como el discurso revolucionario que se realizo una vez que la revolución fue consolidada.

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TAREAS A REALIZAR FUERA DEL AULA:

Leer las infografías

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-Ver los videos

¿Quien fue Porfirio Díaz?

La revolución mexicana

Quizá te estés preguntando si todos estos datos que has visto son ciertos para eso  tendrás que anotar todas tus dudas para comentarlas mañana durante clases.

Escribir preguntas para el profesor

TAREAS EN LA CLASE:
-Generar espacios de intercambio y debate en pequeños grupos, o de a dos
-Introducción del profesor sobre los vídeos y tema de Revolución Mexicana
-En pares, hacer un mapa conceptual y presentarlo en la pizarra.

EVALUACIÓN:
– Individual. – Producto: Audio sobre una reflexión sobre el tema ¿Aún es valida la revolución
mexicana?
Prof_ Tania Rojas

Todo da vueltas! Metodologías del Modelo de Clase Invertida

¿QUÉ HICE SIEMPRE EN MI CLASE “AL DERECHO”? ¿QUÉ PUEDO HACER EN MI CLASE “AL REVÉS”?
 AL iniciar la clase, cunado el tema es nuevo pregunto si conocen algo sobre el, qué han escuchado o visto referente al tema.

Suelo pedir participación y una lluvia de ideas, aveces no es muy activa la participación.

Dejo una pequeña lectura  de tarea para comentar de ella o hacer una actividad durante la clase

 

Seleccionar un video corto que hable del siguiente tema de la sesión, para que se contextualicen sobre que va a ser el tema y ellos puedan explicar alguna parte durante las actividades.

También sugeriría que ellos buscaran algún material multimedia , como vídeos o música, que investiguen por qué tienen que ver con el tema, y expliquen o hagan equipos para trabajar con su material

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Metáfora visual. Curso: Invirtiendo la clase

Una de las clases que recuerdo mucho y me gustaría hacer, fue leer novelas según la época histórica que abordábamos en clase. Esto funciono para tener un poco más de empatía con personajes y escritores que estaban en esa eṕoca, o más para ver la historiografía de un autor y así construir su contexto.

 

Los libros y las novelas nos llevan a distintos mundos, nos trasportan sus personajes y escenarios lo que funciona para comprender un elemento a más profundidad.

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Producto Final: cuento

Este producto lo hago en base a mi reto pasado, el cual hable sobre las desapariciones y su antecedente historico en como las fuerzas del estado la han llevado acabo en sucesos anteriores como la guerrilla mexicana.

La violencia de Estado incluyendo la tortura y dsaparicion forzadada. Ha sido un proceso entre cambios y rupturas, en el que la sociedad y la política influenciaron.

La organización civil, armada o por vias pacíficas tambien cambiaron y se ha visto una evolucion en los temas sobre violencia y derechos humanos, sin embargo algunos operativos también se actualizaron.

Mi obejtivo fue hacer un cuento que narrara la vida cotidiana de un famliar de un guerrillero durante los años 70.  No tiene ubicación ni año preciso, sólo es una manera en que trate de describir brevemente lo que pudo haber sido. Me baso en lecturas sobre la guerrilla y movimientos sociales.

Quise hacer un cuento con tintes románticos. para que de alguna a algunos les llamara la atención la Historia desde otro ámbito que no fuera el institucional

Apoyo varios movimientos sociales y desapruebo la violencia de estado o contrainsurgencia. Espero que esto lo haya demostrado en la siguiente histora.

Pd: Me gusta escribir, y este cuento si se me pasó de a mano, ojalá lleguen hasta el final.

 

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Cartas para Alba.

Josefina se  había levando como todos los días a las 4 de la mañana,  no por que necesitara despertarse a esa hora (hacía mucho tiempo que ya no tenía razón de ello), sino porque las pesadillas y recuerdos la atormentaban todas las noches.  Tenía 4 años sin conciliar el sueño a menos que se tomara algún té tranquilizante que le permitía dormir, pero no eliminar las pesadillas.

La casa estaba en silencio, se asomó por la ventana, sólo vio la inmensa oscuridad que proporcionaba la vegetación abundante de la región. Su casa estaba en las orillas del pueblo, por lo que la luz de las calles y otras casas no alcanzaban a llegar ahí.

El silencio era lo que más temía, pero si escuchaba la radio la molestaba. Eran pocas las estaciones de radio que alcanzaba a llegar la señal al pueblo, las demás eran radios comunitarias, locales y de pueblos cercanos, eran las señales que mejor se escuchaba, pero las que más odiaba. Si decidía encender la radio tenía que enfrentarse al ensordecedor ruido de la interferencia, la estación de radio que estaba guardada tenía 4 años sin que hubiera vuelto a dar señal.

Pero a esa hora no había nada que escuchar. Se dirigió al pequeño cuarto que tenía como cocina, una estufa vieja y una mesa pequeña, sacó un pocillo y puso a calentar agua. No había nadie para hacerle el desayuno, así que no se puso a pensar qué iba a cocinar, podría desayunar y comer lo del día anterior. Sólo tenía que soportar a que las horas pasaran hasta que amaneciera y después podría ir a misa. Siempre iba a misa, era la manera de soportar la soledad y sus pensamientos del diario. Saliendo podría pasar con sus hermanas.

Diario le decían que se quedara con alguna de ellas a vivir, para que no estuviera sola. Pensaba que sufría sola en su casa porque siempre estaba esperando a que alguien llegara. Nadie iba a llegar, lo sabía muy bien. Lo supo desde que aquellos muchachos interrumpieron en su casa tocando fuertemente la puerta una noche hace cuatro años.

No iba a regresar nadie a quien no esperara.

Antes de ir a la iglesia del pueblo, pasaba a dar de comer a sus gallinas, tomaba los huevos y los iba a dejar con sus sobrinas, quien después de misa le daba verduras o a veces algún guisado que les había sobrado. A la mejor no era la mejor forma de sobrevivir, pero tampoco esperaba ni necesitaba nada más.

Últimamente le molestaba que sus sobrinos fueran a visitarla, y trataba de evitar que se quedaran mucho tiempo, pero su familia tenía razón en ir a visitarla. Hacia exactamente una semana en la que en el monte se escucharon disparos, había veces en los que los disparos eran seguidos, uno o dos…o hasta 5. Así de momento, ya no sentían porque espantarse. Pero había veces cuando todos se espantaban cuando se escuchaban tiroteos. Eran muy seguido y duraban horas.

Al otro día camionetas militares bajaban al pueblo y en algunas ocasiones preguntaban en las casas si habían visto algo raro. Eran momentos de angustia y miedo. Pero ya no de terror como hacía cuatro años cuando militares habían entrado en su casa destrozando todo, como si alguien se fuera esconder debajo de su pequeña mesa.

Pero hace siete días había pasado algo nuevo, la tierra tembló y por el ruido que se escuchó parecía que el cielo se partía en dos. La mina del otro pueblo había explotado. Horas después se escuchó un tiroteo que cada vez se acercaba más al pueblo. Después sólo se escuchó algún disparo perdido.

La gente del pueblo estaba asustada, esperaba que volvieran a hacer retenes y a inspeccionar casas, pero también tenía miedo por los familiares que estaban en la mina, en el pueblo y por los que probablemente habían hecho estallar la mina. Eso ya era suficiente, claro que iban a mandar a más soldados, los dueños de la mina eran empresarios poderosos parientes del gobernador.  Era algo grave, se podían desquitar con los habitantes de los pueblos vecinos, pero Josefina sólo sintió satisfacción. Ya era justo que a ellos también les hubieran quitado algo, les habían destruido algo que a la mejor apreciaban más que a sus hijos.

Cuando fue al gallinero abrió la puerta, las gallinas apenas empezaban a hacer ruido, justo a tiempo para darles de comer, no le gustaba mucho que hicieran ruido y  movieran las cosas, o que se e acercaran todas juntas brincando para comer.

Abrió la pequeña puerta de madera y dejó salir a las que estaban despiertas, había unas que todavía estaban medio adormiladas, hacían poco ruido pero estaban inquitas, ya se habían acostumbrado a su nuevo invitado.

 En la parte de arriba del gallinero había una tabla grande en la que guardaba algunas cosas como maderas y herramientas, estaba casi desocupado desde hacía mucho y abundaban las plumas de las gallinas viejas que a veces también llegaba ahí para dormir. Ahí se encontraba Alberto, un muchacho de 26 años. Se despertó con el chirrido de la puerta y se levantó rápido, apunto su arma hacia josefina, tenía la mirada nerviosa y confundida.

-¿A quién vas a dispararle?

-A nadie doña Jose- Respondió Alberto bajando su arma, avergonzado y nervioso. Se talló los ojos con lagañas, bostezó,  bajó de un brinco y se estiró.

Había estado ahí desde hace cuatro días, pero lo había encontrado hacia 3. En la mañana que lo encontró las gallinas  estaban haciendo mucho ruido, entró al gallinero y notó algunos huevos aplastados y desordenado en la tabla de las gallinas, alguien había subido por ahí y había dejado una huella de lodo.

No tenía miedo, alguien estaba dentro y se estaba escondiendo, pero no tenía miedo. Cuando llamó para saber quién estaba arriba la cabeza de un muchacho se había asomado, sus ojos además de miedo resaltaba el color rojo de que había estado llorando.

-Soy yo doña Josefa, Alberto.

-¿Qué haces ahí? Baja

Había bajando de manera forzada, pues se había arrastrado y de forma en que se columpiara con los brazos bajó las piernas y después cayó al piso. Estaba adolorido, no podía mantenerse bien de pie, se sujetaba un costado con la mano. Vio que tenía una herida como de un golpe. Después le dijo que al parecer era una bala le rozo porque le había quemado. Tenía muchos golpes y cojeaba por una herida vieja de bala en la pierna.

Alberto no hablaba, pero su mirada estaba entre una súplica y vergüenza.

-Quédate ahí, vuélvete a subir. Ahorita vengo. No te vayas a salir.

Cerró la puerta,  alimentó a las gallinas, después se fue a los corrales y le echó un poco de alfalfa a la única cabra que le quedaba.

Hizo sus quehaceres normales, barrió el patio y salió por la leche. Adentro de la cocina desayunó un pan y café. Preparó una taza de té de limón y salió con un pan en la mano.

Volvió a meterse al gallinero.

-Toma, sólo tengo esto.

Salió, cerró la puerta.

Ahora ya no estaba  tan mal, sólo necesitaba descansar y comer. Estaba flaco, más flaco que hace cuatro años.  Tenía muchos golpes,  de seguro bajar hasta el gallinero le había costado mucho trabajo y tiempo. Y suerte, mucha suerte de que no lo hubieran encontrado aún.

-Me tengo que ir- dijo Alberto el primer día que lo encontró.

-Quédate un rato más.

-Ya es mucha molestia de mi parte Doña Jose, no le vayan a hacer algo.

-¿Qué me pueden hacer? Quédate ahí ya te dije un rato más. No tardan en pasar a revisar.

-Por eso,  ya me voy.

-Aquí no te va a pasar nada. No voy a dejar que te lleven.

Salió del viejo gallinero y ahí lo dejó.

Pasaría en la tarde a visitar a su hermana, ahí se iba a enterar de las nuevas noticias

Josefina se dirigía durante el atardecer rumbo a su casa. Saliendo del pueblo los militares ya se acercaban, podía ver desde  la carretera que se veía en el monte a las camionetas que bajaban.  A la mejor en una hora iban a verla, rezó por qué no lo hicieran.

-Bájate de ahí Alberto, traje unos tamales.

Se volvió a sentar en el banco en la puerta del gallinero, ahí quien pasara la podía ver que estaba sola. Pero dentro del gallinero hablaba con un muchacho. Uno de los últimos guerrilleros que quedaban del pueblo.

 Hace  8 años se habían juntado unos maestros, alumnos y jóvenes de diversos pueblos para marchar hacía la casa del gobernador y pedirle que arreglaran unas escuelas y dieran de comer a los alumnos y dieran algunos libros; los mineros también estaban reunidos, pedían un aumento y seguridad para los accidentados  o para las familias de los difuntos;  otros más iban a pedir trabajo, y a pedir ayuda al campo porque en eso días la lluvia había llenado los ríos y el agua había inundado los campos y las casas. La gente se había quedado sin comida y sin un lugar donde dormir. Eran muchos, se juntaron varios pueblos, iban de todas las edades, hombres y mujeres, algunas hasta con niños.

 Apenas y cuando iban llegando al camino grande para ir a la capital, en el último pueblo los soldados los detuvieron, y dispararon. Sin importar a quien no dejaron de disparar.

Sobrevivieron pocos que echaron a correr cuando vieron que no paraban, con cobardía y dolor dejaron a sus familiares muertos y heridos, y corrieron. Fueron ellos los que sobrevivieron, los que se  reunieron en las montañas. Ahí había muerto su esposo. Su hermano lo dejó cuando cayó, no quiso voltear atrás, pero estaba muy seguro que no podía llevárselo.  A Josefina sólo le aviso que ahí había quedado.

 Ella y Alba fueron entre las viudas, madres,  hijas y hermanas  que fueron a preguntar sobre los cadáveres de sus familiares, a preguntar si estaban muertos, o si estaban heridos y a dónde los habían mandado.  Les dieron vuelta, las timaron, nunca aparecieron, casi todas los dieron  por muertos.

En el monte se organizaron los sobrevivientes  de varios pueblos, hasta de otros estados llegaron jóvenes a participar. Estaban orgullosos, iban a vengar a sus familiares, y a proteger lo que les quedaba sin dejar de exigir todo lo que habían pedido, los apoyaban sus padres, los apoyaban los mineros y los campesinos.  Eran muchos, y estaban organizados.

Alba tenía 16 años cuando conoció a Alberto, llegó a la escuela del pueblo acompañando a un maestro de la capital. Así se trasladaban los jóvenes para el monte donde estaba el campamento.

No supo en que momento pasó, pero los dos ya no podían vivir separados.  Alba a veces se ponía a leer las cartas que Alberto le mandaba, eran sencillas pero románticas,  le decía cuanto pensaba en ella, la recordaba, la extrañaba. Comparaba las flores de las selvas con ella, hermosas y salvajes, bellas e indomables. Eran muchas, era poco decir que le escriba una carta diario, y llegan seguido por que el pueblo abastecía mucho al campamento y cada que bajaba la camioneta dejaba un bulto de cartas y casi todas eran para Alba.

En las cartas le contaba el sufrimiento que pasaban, el calor, el frío, el hambre, los mosquitos, las enfermedades; como había días que los atacaban, emprendían el fuego y se retiraban, muchas veces ganaban, perdían cuando tenían más heridos y muertos.

Alba lloraba cuando Alberto le contaba con detalles la muerte de sus amigos, de sus camaradas quienes morían defendiendo sus ideales.  Retrataba la vida de la guerra con palabras románticas, eran cartas rosas que al final no era más que un rojo, como el de la sangre cuando se deslava. Una guerra maquillada de rosa que hizo que pocos años después Alba se fuera con él.

Los ojos enternecidos cuando leía las caras de Alberto le daba un aire de pureza que resaltaba su belleza. Alba se veía más hermosa cuando se enamoró, y era la imagen que Josefina mejor recordaba de su hija, y así la quería recordar para siempre.

Recordar a Alba siempre la entristecía, hubo un tiempo en que la ponía muy mal, lloraba todo el tiempo y no le daba ganas de hacer nada. Poco a poco se calmó, le costó mucho trabajo reponerse. Ahora ya podía ver a Alba de nuevo de una manera en que a ella le gustaría verla, las imágenes de su hija desgarrada ya no eran tan frecuentes.

-Doña Jose, ¿está ahí?

-Si.

– Perdóneme.

– ¿Por qué?

-Por llevarme a su hija.

-…

Pocos días después de que Alba se fuera con Alberto escucharon los rumores de que habían emboscado a un ejército del campamento, alguien había corrido la voz,  casi a todos los habían desaparecido (porque no habían encontrado cuerpos ni señal de vida mayoría).

Aún sin saberlo Josefina se encontraba en su casa deseando recibir alguna carta de Alba, muchos de sus compañeros no les decían nada a sus familiares, pero Josefina tenía la esperanza de recibir algún día una carta.  Sabía que Alba se había cambiado de nombre a Blanca, era un poco irónico, pero funcionaba.

Ni una carta llegó. Era normal, para proteger a su familia muchos de los participantes en el monte cambiaban de nombre y no comentaban sobre esos asuntos, algunos se iban sin avisar.

Un día llegaron al pueblo camionetas de militares, se metieron a las casas, golpearon a personas y se llevaron a algunos familiares de guerrilleros y no los volvieron a ver nunca más. Cuando llegaron a la casa de Josefina lo único que pudo hacer fue esconder una foto de su hija y las cartas para Alba en una olla en la cocina. Destrozaron todo, y la amenazaron con que la iban a observar. Y lo hicieron, durante un tiempo se sintió observada, pero ese tiempo duro muy poco. Estaban solicitando a las tropas en otro lugar y así partieron.

Una noche llegó a la puerta Alberto con otro compañero. Josefina busco detrás de él a Alba, como si la estuviera escondiendo. Los dos jóvenes estaban serios, sobre todo Alberto. Josefina palideció. Miraba a Alberto, pero él evitaba mirarla. Después de un silencio quién hablo fue el otro muchacho.

-Disculpe la molestia señora, pero venimos a darle malas noticias Su hija lucho arduamente por los ideales para salvar al pueblo de la opresión y….

-¿Dónde? – Josefina no escuchaba bien…

-Hace poco… nos emboscaron…

Josefina dejó de escuchar, sólo veía a Alberto que no la miraba, los ojos del muchacho ya estaban rojos….

Explotó.

-¡Devuélveme a mi hija!  ¡Asesino! ¡Asesino! ¡Devuélvemela!

Josefina se abalanzó a Alberto, lo golpeaba en el pecho y le jalaba la camisa mientras gritaba. Después de un rato Alberto soltó el llanto, empujo a la mujer que ya no podía sostenerse del dolor y salió de la casa sin decir nada.

-Disculpe- dijo el otro muchacho y se retiró. Habían pasado cuatro años desde que lo había visto. Cuatro años desde que su Alba ya no estaba.

-… ¿Por qué tenías que venir aquí?

– No lo sé.

-¿Por qué vienes solo?

– Me fui solo, los que sobrevivimos nos veremos en otra parte.

-¿También dejaste sola a Alba?- Era algo que quería saber desde hace mucho, tenía pesadillas con imágenes de Alba siendo torturada casi siempre la veía desnuda llena de sangre, otras veces veía solo su cabeza.

-… no.

El peso que Josefina sentía en el pecho comenzó a aligerarse.

-No la deje sola. Ese día todo fue tan confuso. La amé como no podré amar a nadie en mi vida. Los disparos nos sorprendieron, venían de todos lados. Mis compañeros cayeron a mi lado, no supimos que pasó.  Combatimos un rato, ya nos retirábamos, cuando nos cayeron encima. A los que no nos habían disparados nos reunieron y golpearon, nos estaban matando uno por uno…  a las mujeres…. Yo lo vi de lejos, pude esconderme, pero Alba no… ya habían agarrado a Alba, juro que no vi a nadie defenderse como ella, resistió todo…. Y antes de que esos puercos les hicieran algo… yo…

Alberto no lloraba, tenía lágrimas en los ojos pero hablaba con calma….

-Yo le disparé. Fue lo mejor, esos hijos de la chingada la hubieran hecho lo peor. Le juro que ella me vio y lo pidió.  A los muertos ya los estaban cargando en un camión grande, y a otros se los llevaron, no sabemos que les hicieron, pero a Alba no. Esos hijos de la chingada no le hicieron nada. No dejé que le hieran daño…yo…yo… le juro que murió en paz.

Alberto calló.  El viento pudo escucharse fuera del gallinero, algunas gallinas ya se habían metido a dormir.

Josefina había tenido pesadillas todos los días durante cuatro años, pesadillas con su hija siendo devorada por la selva oscura, y por militares sin rostros, siempre con la imagen de Alberto abandonándola, a veces era ella la que abandonaba a su hija.

Después de aquella confesión se sentía mejor. Le creía a Alberto y conocía a su hija. Ya no más. Ya sabía la verdad y decidió creer lo que le dijo Alberto. Ya no iba a tener pesadillas ni a temer por el alma de su hija.

Hubo un momento de silencio.

Ya no odiaba a Alberto, tal vez jamás le guardo rencor, sólo era la culpa que sentía y el dolor por la desaparición de su hija.

Dos horas después pasaron los militares. Eran tres, no estaba en la puerta de la casa mientras los otros se encargaban de revisar entre las plantas.

-¿No ha visto o escuchado algo extraño estos días, madre?

-Sí, que la mina explotó o algo sí.

-No, de eso no, si vio pasar a alguien por aquí, o alguien le pidió ayuda o comida. – El rostro severo del soldado daba señales de que se estaba desesperando.

-Ah, no. Nadie.

-Entonces vamos a revisar.

-Haga lo que quiera, siempre hacen lo que quieren…

El soldado pasó la puerta sin pedir permiso chocando con el hombro de la señora que se tambaleó. El no volteo a verla, pasó por los dos únicos cuartos que había, abrió puertas, se asomó por la ventana. No había muebles grandes donde alguien podría esconderse. No había nadie.

Afuera la cabra había comenzado a hacer ruido, estaba inquieta por los dos visitantes desconocidos que estaban en el patio.

-Vamos a revisar afuera.

-Aja…

Josefina pensaba sobre qué podría pasar si encontraban a Alberto en el gallinero. A él se lo llevaban y más lejos lo mataban, a ella a la mejor podía pasarle lo mismo, tal vez la golpeaban y ahí la dejaban. No le importaba. Que pasara lo que pasara, ya no le importaba si algo le hacía, entre más pronto, más rápido podía volver a ver a su hija.

El soldado que salió de la casa se acercó al gallinero, lo rodeó buscando algo, se paró frente a la puerta y asomó solo la cabeza tal vez para comprobar si de verdad había gallinas. Había muchas, todas dormidas, hicieron ruido cuando abrió la puerta.

Sacó la cabeza, se paró frente a la puerta abierta, volteo a ver a Josefina, y disparó una bala hacia adentro. El tronido de la bala hizo eco en el silencio. Las gallinas revolotearon y algunas salieron con las alas abiertas, tras la explosión de plumas. El soldado se quedó ahí de pie mientras las gallinas pasaban pisándolo, sólo algunas quedaron adentro.

-Bueno, pues no hay nadie… Tú, llévate unas gallinas pa´ desayunar mañana.

-Nos vemos señora. Si ve algo raro le avisa allá en el centro se quedaron algunos de los nuestros.

Los vio marcharse, esperó a que algunas gallinas se volvieran a meter al gallinero y fue a calmar a la cabra. Dejó que pasaran los minutos.

-Alberto.

-Aquí estoy.

-Pensé que te ibas a salir a dispararles.

-Todavía no me quiero morir.

A la mañana siguiente Josefina se despertó d madruga como siempre, pero ahora por costumbre.  Pese que a que había dormido poco descansó como no lo había hecho desde hace tiempo, sin pesadillas, sin sueños, sólo durmió. Escuchó ruido en el gallinero y vio desde la ventana que la puerta del gallinero abrió y algunas gallinas salieron. Alberto salió después, miraba hacia donde en pocas horas saldría el sol.

-Alberto- lo llamó Josefina.- Ven y acompáñame.

Dentro de la pequeña cocina Alberto vio a la señora de aquella casa servir dos tazas de café de la olla. La miró bien, con luz se podía notar que había envejecido, tenía más canas, las manos comenzaban a temblar, estaba un poco encorvada y tenía arrugas. No era una señora de avanzada edad,  pero la angustia y la tristeza la habían consumido en pocos años.

-Por un momento pensé que les iba a decir dónde estaba.

-¿Por qué?

-Por venganza, bien sabe Dios que lo merezco.

-No, Alba no lo hubiera querido, por eso.

Se quedaron en silencio, el cielo comenzó a aclarase un poco. Josefina se sentaba ahí todas las mañanas, cada nuevo día era como ver y sentir a su hija, aquella niña contenta que se pasaba por la casa jugando, aquella muchacha que se enamoró de un joven y se la pasaba bailando. Todas las mañanas veía  en el alba a su hija.

Sacó las cartas que Alberto le había escrito a su hija, quería dárselas pero él las rechazó. Sólo eran para ella. Las volvió a guardar junto a las fotos de su hija. No tenía el cuerpo, pero al tener todas las cosas que eran de su hija sentía que era más que suficiente. Era mejor recordarla alegre y radiante que tener un cuerpo marchito y pálido. Podía descansar en paz, ya no tendría pesadillas; y no, sabía que no había muerto en vano. Ahí en los montes ni un hombre o mujer, viejo o joven moría en vano.

Alberto partió esa mañana, después de contemplar el Alba decidió que era momento de marchar. Nunca antes había recordado tan bien a su amada, con aquella luz clara escuchó su risa, su voz, escuchó que mencionó su nombre y que la luz clara era su mano que acariciaba su rostro.

Tal vez era la señal para indicarle que ya todo había terminado.

Regresaría a la ciudad donde había nacido, buscaría a sus compañeros que habían sobrevivido, comentaría sus memorias para hacer una lista de todos sus compañeros desaparecidos, nunca olvidaría a Alba, pero guardaría las armas porque quizá algún día sus hijos iban a necesitarlas.

 

 

 

RETO 3. Desapariciones Forzadas

Uno de los acontecimientos actuales que mas me han llamado la atención, y que me estremecen, ahora y antes ha sido la desaparición de las personas. Tanto la de periodistas, la de las mujeres (femincidios) y claro, por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

He detenido mi tema sobre la desaparición forzada, que claro que tienen una larga historia dentro de la violencia de estado de nuestro país.

Desde hace mas de 30 años han sido las misma raones de los grupos sociales y organizaciones: resistencia y exigencia de salud, educación, derechos humano. Todos resaltando la desigualdad social y la corrupción. Esas han sido elementos que han continuando dentro de los problemas y la política actual. Aunque en los años 70 la reacción del estado fue mas rápida y radical, actualmente seguimos observando que el estado sigue actuando de la misma forma, solo un poco mas “leve”

Lo que ha pedido la sociedad el estado no lo ha respetado y mucho menos cumplido, sólo tapó la información que no quería que fuera rebelada. Las organizaciones sociales, movimientos y guerrillas no se llevaron acabo para acabar con el estado opresor, sino que surgieron para resistir esta opresión, defender sus ideales, derechos y familia.

Hace años el Estado podía “justificar” estos actos con la “amenaza” y peligros que ejercían las insurgencias en los países latinoamericanos, la revolución cubana y sus ideales y el comunismo que amenazaba con influir todo el continente.

Aliado con el gobierno de Estados Unidos, México  llevo a cabo un plan de contrainsurgencia en los que incluía la “guerra de baja intensidad”, desaparición forzada, tortura y homicidio para que México fuera un país seguro y libre.

Hoy las condiciones son diferentes, no hay una amenaza de un pensamiento socialista, tampoco hay insurgencias en américa latina ni una ideología fuerte que amenace la “seguridad nacional”. Sólo son personas que siguieron exigiendo sus derechos , que no quiso reconocer el estado, que cada vez ocultan más, que han desaparecido personas para que las nuevas organizaciones que exigen no lo hagan. Hoy se ha destapado sólo la corrupción y un Estado Fallido que el Estado no puede Proteger, defender ni esconder.

La Violencia de Estado en México se ha aferrado a proteger ideales y situaciones que actualmente ya no se pueden llevar acabo. “Proteger” a terceras personas en las marchas y manifestaciones no requiere el uso de la fuerza publica contra los participantes.

Los estudiantes , organizaciones y movimientos civiles no son amenazas para que “seguridad nacional” espíe y amenace, torture y mate. Los periodistas, los estudiantes, los sindicatos, los maestros, los campesinos, los obreros, etc. son el pueblo, no la amenaza de éste.

Cuando haya cumplido las exigencias de su pueblo el Estado Mexicano encontrará la paz que tanto menciona en sus discursos de seguridad, paz y armonía.

43 de Aypzinapa

 

 

La historia como formación ciudadana. “La guerra contra el narcotráfico”

El reto 2 de esta semana fue hacer un producto a partir de la lectura “La guerra contra el narcotráfico. ¿una guerra perdida?” En la cual se relacionó la historia, el presente, y la sociedad  mediante una reflexión para poder relacionar cuales son los valores que aporta a la sociedad el estudio y conocimiento de la historia inmediata del país.

Para mi, es que la guerra contra el narcotráfico, en efecto fue una forma de legitimizar la elección y justificar el poder de Felipe Calderón, fue una guerra que a a la larga no pudo durante seis años poder detener al narcotráfico, además de que militarizó el país sin un enemigo nacional, por otra parte desató una lucha de pugnas internas entre los mismo carteles de narcotraficantes por controlar el territorio, lo que ocasionó mas violencias, desapariciones y muertes.

Lo que hay que reflexionar de todo esto no es en sí quién fue el culpable, si la presidencia de Calderón o el narcotraficante, sino que hay que tomar en cuenta que este no fue un problema de un día para otro, ni de pocos años, sino que lleva décadas en el país y fue hasta hace poco que se decidió hacerles frente para recuperar territorios que ya estaban completamente controlados por el narco

¿Por qué tuvo que pasar tanto tiempo? Porque el narcotráfico ha sido un comercio ilegal que deja muchas ganancias, y actualmente vemos una relación entre políticos y hasta empresarios, con estos grupos. No es casualidad que en los estados que estuvieron más afectados no hubiera muchos cambios antes toda la militarización que tuvo el país.

Las instituciones estatales se corrompieron hasta el punto de solo abogar por fines individuales y olvidar la tarea del estado que era proteger y brindar del cuerpo legal a sus ciudadanos para que convivieran con sus garantías individuales aseguradas.

El narcotrafico ha corrompido las fuerzas policiacas, a los jóvenes que recluta para sicarios, a las niñas, mujeres mexicanas y migrantes que desaparecen para hacerlas parte de la trata de blancas y de órganos.

Yo creo que cuando se quiso arreglar el asunto ya era demasiado tarde. El problema se originó por el partido nacional autoritario durante tantos años, y no es que desapareciera en el sexenio de EPN , sino que volvió a su estado anterior, donde el problema no se atacaba y los medios disminuían su impacto.

Después del 2012, la crisis de estado, más la crisis económica, fue presente en varios campos, y en todo el país,lo que ocasionó que comunidades se levantaran en armas para poder proteger a sus familias ante las amenazas y descobijo de un narco estado que los había abandonado.

Ya no sólo tenemos a un estado que no cumplía con sus deberes, sino que tenemos un estado no representativo, en el los ciudadanos no se ven reflejados.

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Reto 1 “La Historia como objeto de estudio”

De la lectura : “El movimiento Zapatista en Chiapas”

El MOVIMIENTO ZAPATISTA DE CHIAPAS

RETO: Decidí hacer una infografía por que es una forma de sintetizar la información, es accesible, llama la atención y es muy mediática.

Personalmente puedo relacionar mi vida con este tipo de movimientos sociales, y más aun con mi historia, y con la historia de todos nosotros. El EZLN fue un movimiento que surge depolíticas de estado anteriores, con fallas, errores y varias contradicciones sociales y económicas que afectaron en diversas partes de país y sobre todo a los grupos más pobres de la población.

Estas condiciones estaban desde los años 70 y 80, y bien, continuaron hasta 1990.

Hay que contemplar que mundialmente esta ocurriendo un proceso muy importante: el neoliberalismo, en especial en la parte norte del continente. Este es un sistema político y económico (que se ha extendido hasta el educativo) el cual (a grandes rasgos) promueve la economía del capital privado dentro del mercado y  elimina el Estado de Bienestar en muchos países, es decir el Estado se encargará de hacer las políticas suficientes para que el capital privado pueda moverse en el mercado libremente: la libertad de individuo : liberalización de la economía.

De esta manera Salinas  reforma al articulo 27 de la Constitución Mexicana y modifica la estructura del campo y ejidos que había sido herenciade la revolución mexicana (gracias a los ideales de la revolución de  Zapata “tierra  y libertad”)

A partir de aquí surge el EZLN como medida en contra de estas imposiciones y leyes del gobierno en contra de la población, y en especial dela población indígena que pertenece a los pueblos originarios y que ha sido la población mas afectada en todos estos años.

Los movimientos armados anteriores , como el EPR son antecedentes de forma de organización de EZLN y no debe considerarse como una “guerrilla” pero la represión del Estado Mexicano lo vio contra sus intereses y los ha estado atacando  mediante una “guerra de baja intensidad”:  inclusión de paramilitares y apoyo económico indígenas que no pertenezcan al EZLN.

¿Por qué es parte de mi vida? Yo creo que es parte de la vida de todos,  porque  es un acontecimiento reciente que critica formas y políticas neoliberales que actualmente  (2016) vemos en todo su esplendor y  experimentamos los cambios de las nuevas políticas mexicanas.

Es un ejemplo y una consecuencia del neoliberalismo y con ella la contra insurgencia es comunidades zapatistas son ejemplo del poder del nuevo estado privado contra su población.